sábado, 1 de diciembre de 2012

¿Que chingados hago tan lejos de casa?

Amigo, hermano, lector accidental, etc;

¿Que chingados hago tan lejos de casa?

Para comprender el trasfondo de esta especie de ensayo, hace falta tomar en cuenta el contexto. Soy Mexicano. Nací en Guadalajara, Jalisco, un sábado por la mañana, mientras llovía. Cabe mencionar que años despues, de alguna manera u otra, sin saberlo y sin intención alguna, me las arreglé para caer una vez mas en aquella misma habitación del hospital que me dio la bienvenida al mundo material, la misma cama, la misma ventana y el mismo árbol que se asomaba desde afuera. Me pareció, en su momento, curioso.

Hermanos de sangre, no tuve ninguno. A veces la gente me pregunta si me sentí solo o si alguna vez quise tener algún "carnal" en mis aventuras. Siempre les digo que no. Aprendí a estar solo y amigos, gracias a Dios nunca me han faltado.

Mi manera de crecer me formó con una personalidad un tanto introvertida, muchas veces menospreciada por una sociedad que promueve la extroversión y que escribe "YO" con letras mayúsculas. Que impulsa también el status quo y que sufre en exceso de una enfermiza facilidad de juicio en contra de aquellos que se atreven a cuestionar. De alguna manera, y en gran parte gracias al ejemplo de mis Padres, siempre me negué, sin yo saber que lo hacía, a ser borrego de aquel rebaño seguidor de las modas de ocasión y otras falsedades.

En uno de esos tantos atrevimientos a ser diferente y entre otras circunstancias que experimenté en algún momento, sentí de pronto un impulso nomádico y aventurero que decidí seguir y satisfacer sin detenimiento y con cierta cantidad (enorme, gigantesca, colosal) de ingenuidad. Cosa que no me costaba (ni me cuesta) mucho trabajo, puesto que todas las decisiones adolescentes suelen ser así, "a lo loco". Cuando pensé en salir a estudiar al "extranjero" no me percaté para nada que los mapas se hacían a escala y en una representación microscopica en relación a las distancias fisicas reales. O tal vez decidí ignorarlo. Ya estando tan lejos me dí cuenta del enorme aprieto en el que me había metido. Resonaron las autoritarias palabras de mamá: "¿Por qué eres tan atrabancado?"

Papá solía advertirme siempre que iba a salir a jugar con mis amigos, que por mi bien no llegara yo a abusar de la distancia casa - hijo, o en sus palabras: "No se vaya muy lejos, mijo". Hasta la fecha no le he demostrado otra cosa mas que mi desobediencia, pero estoy seguro que le puedo dejar la certeza de que mas lejos de aquí, ya esta cabrón.

Aquél impulso que decidí ingenuamente seguir, fue el intento de responder a una cuestionante que aún no formulaba. Fue la nostalgia por aquellos lugares que aún no conocía. Nostalgia que trasciende fronteras y nada tiene que ver con continentes o regiones geográficas. Este "ejercicio" de sobrevivencia y vagabundeo en nuestro mayúsculo pero frágil globo ha despertado en mi una sensación de pertenencia con algo que aún no consigo explicar, ni mucho menos concebir. Me ha provisto también, con una sed insaciable por lo desconocido y ha hecho brillar una tenue y fugaz luz en la oscuridad de mi infinita ignorancia.

¿Que chingados hago tan lejos de casa?... Me enfrento a mi mismo. Me descubro. Aprendo. Desarrollo en mi una seguridad bien cimentada, indestructible. Disfruto, sobre todas las cosas, los desafíos, las experiencias, los pormenores y los pormayores. El Dios de mi corazón sabe, mejor que nadie, que mis aspiraciones son altas y mi determinación inagotable. El siguiente paso, no lo sé. Pero estoy seguro que sabré que lo he tomado mucho después de haberlo hecho.

Paciencia y fé.

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