jueves, 3 de septiembre de 2015

Encuentro con mi pasado no resuelto II.

Quijano,

¿De que te sirve? ¿De que te sirve montar guardia sonámbula, si dentro del viejo fortín ya no existe nada? ¿De que te sirve arremeter contra enemigos falsos -ilusorios y truculentos fantasmas- si aquello bélico se ha esfumado?

Es tiempo quizá de iniciar otras batallas, de blandir el arma a otro ritmo y enfrentar el molino con mayor destreza, sin fantasear que es gigante. Tiempo de quitarse la armadura, de romper el arco. De montar el caballo sin silla y a corazón desnudo, abierto, palpitante. Que sea incomodo, no importa. Pero que valga la pena. Que valga T O D A la pena. Para que recordemos siempre y que nos mofemos de ello, juntos.

Haz caído -y no te culpo- en un profundo estoicismo, en un aburrido comfort. ¿Qué defiendes, Quijano? ¿El falso valor del egoísmo? ¿La amañada y fraudulenta identidad? ¿La inseguridad y la duda? ¿Aquella vieja torre en ruinas donde según Tú escondes tu tesoro?

...

Dime Quijano,

¿Cómo son los tesoros que no brillan?

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