Quijano,
¿De que te sirve? ¿De que te sirve montar guardia sonámbula, si dentro del viejo fortín ya no existe nada? ¿De que te sirve arremeter contra enemigos falsos -ilusorios y truculentos fantasmas- si aquello bélico se ha esfumado?
Es tiempo quizá de iniciar otras batallas, de blandir el arma a otro ritmo y enfrentar el molino con mayor destreza, sin fantasear que es gigante. Tiempo de quitarse la armadura, de romper el arco. De montar el caballo sin silla y a corazón desnudo, abierto, palpitante. Que sea incomodo, no importa. Pero que valga la pena. Que valga T O D A la pena. Para que recordemos siempre y que nos mofemos de ello, juntos.
Haz caído -y no te culpo- en un profundo estoicismo, en un aburrido comfort. ¿Qué defiendes, Quijano? ¿El falso valor del egoísmo? ¿La amañada y fraudulenta identidad? ¿La inseguridad y la duda? ¿Aquella vieja torre en ruinas donde según Tú escondes tu tesoro?
...
Dime Quijano,
¿Cómo son los tesoros que no brillan?
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