Navegando entre los mares del recuerdo y las aguas del pasado, me acordé que cuando estaba en el kinder, un compañerito me negó su amistad por traer el dedo meñique vendado. No sabía él que todo fue causa de grandes y legendarias hazañas en una avalancha, cuyos limites estaban siendo desafiados por mi tenaz gallardía (léase ineptitud). Aquello causó a mi subconsciente relacionar, hasta cierto punto, a las aventuras con conflictos interpersonales. Ya me decidí a superar ese trauma.
Nicolas, donde quiera que estés: come caca.
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